enero 29, 2009

El Cuento Número Trece

Creo que nunca antes había disfrutado tanto un libro como lo hice con esta primera y hasta donde sé, única novela de Diane Setterfield. No sé porque.
No creo que haya sido la trama, puesto que no lo leí rápido. Lo agarraba cuando tuviera ganas, aunque, debo decir que una vez lo hacia, ese exquisito deje de misterio e intriga hacía que no hubiera nada que me lograra separar de él. ¡Ni siquiera el tener que darme de comer, bibliófilo desalmado!
No fue tampoco esa magnifica forma de escribir lo que más me gusto, (con el que, a pesar de todo, te deleitas de una forma sorprendente) puesto que hubo momentos, tengo que admitirlo, en los que me aburrí.
¡Ya sé!
Supongo que fue simplemente por ser tan personal. No para todos por supuesto. Me refiero, modestia aparte, para los diletantes y amantes de la lectura como yo. (¡Jah! Y después me dicen presumido.) Y eso, de una forma relajante, deliciosa y placentera, en el sentido literal de la palabra.

Definitivamente un homenaje a la literatura y a la Verdad, que como comentan muy acertadamente en The Spectator, "[...] es un libro que nos devuelve el amor por la lectura".

¿Y la trama a todo esto? No gran cosa. Bueno, al menos eso es lo que parece a primera vista, como quien diría:
Margaret Lea, lectora empedernida y librera de viejo junto con su padre, recibe una carta de la entrañable y casi mística escritora Vida Winter, en el que le promete contarle la Verdad y nada mas que la Verdad acerca su vida. Una vida que nadie a logrado contar, tan enredada en mentiras, recuerdos e imaginación.

Pero creo que me entenderéis mejor que con descripciones u opiniones, con un fragmento. Helo aquí, uno de mis numerosos retazos favoritos:

“- Los lectores – prosiguió la señorita Winter – son ingenuos. Creen que todo lo que se escribe es autobiográfico. Y lo es, pero no como ellos creen: La vida del escritor necesita tiempo para descomponerse antes de que pueda ser utilizada para alimentar una obra de ficción. Hay que dejar que se pudra. Por eso no podía tener a periodistas y biógrafos hurgando en mi pasado, recuperando retazos y fragmentos, conservándolos mediante sus palabras. Para escribir mis libros necesitaba dejar tranquilo mi pasado a fin de dejar que el tiempo hiciera su trabajo.”

Les dejo a ustedes juzgar. No es el mejor fragmento, pero a mi me fascina.

enero 28, 2009

Disculpas, bienvenidas y presentaciones

Podría decir que he dejado de escribir durante todo este tiempo que, semana tras semana, mes tras mes, se convirtió en casi un año (¡¿Tanto fue?!) por muchas razones: falta de tiempo, quizás de inspiración, o lo que sea que se me ocurra. Pero no. La verdad es que después de unas cuatro semanas de no escribir (estas si por falta de tiempo), fui aplazando poco a poco por una suerte de pánico escénico. Cada día me decía a mi mismo: ¿¡Y ahora que voy a hacer que llevo ya tanto tiempo sin escribir!? Y así hasta llegar a hoy. Me senté decidido a escribir saliera lo que saliera. Algo así como un regalo de Navidad y de Año Nuevo tanto para los lectores como para mi conciencia que me roía por dentro.
Pero es sabido y conocido que todos los cambios, en este caso el de un año a otro, traen algo nuevo, así que dejando a un lado algunos segmentos fijos que he planeado para este año (tales como " Hablando de adaptaciones " o " La Criatura Del Mes "), me enorgullece presentarles a Hjik Lughatmir, o Lughat para los conocidos. Es un pequeño goblin Irlandés traductor que me ayudara con la edición, gestión y administración de la página desde hoy. Podréis reconocer sus aportaciones o modificaciones por característica letra cursiva marrón-roja. No os preocupéis, es un ser extremadamente culto, atractivo y goza con mi plena confianza (a pesar de ser un "poco " presumido y fácil de sacar de quicio). ¡¡No hablemos de usted, ruin ermitaño!!
Entonces, despidiéndome, les deseo:
¡¡unas felices, pero atrasadas, fiestas!!